| La Armada Española en el Río de la Plata
El poblamiento y colonización de la Argentina se hizo fundamentalmente por mar, entrando por el Río de la Plata. De allí que los primeros pobladores y conquistadores fueron marinos y las ciudades más importantes, puertos para la comunicación y el comercio con España. Las dos principales ciudades ribereñas de la Gobernación del Río de la Plata, que hasta 1776 dependían del Virreinato del Perú, con sede en Lima, eran la Ciudad de la Trinidad en el Puerto de Buenos Aires, fundada en 1580, hoy capital de la República Argentina y la Ciudad de San Felipe y Santiago de Montevideo, fundada en 1728, la hoy capital de la República Oriental del Uruguay.
La Guerra de Sucesión había posibilitado la asunción al trono de España del Duque de Anjou, nieto del Rey de Francia Luis XIV y primer monarca en España de la dinastía Borbónica -que reina hasta hoy-, con el nombre de Felipe V (rex 1700-1746). Este rey puso en marcha un programa de amplios alcances para repotenciar la marina, que incluyó además de la construcción de barcos, la creación y mejora de bases y fortalezas navales en distintos puntos del mundo. También se decidió que para acceder al empleo de oficial naval se debía acreditar una formación teórico práctica, realizada en un instituto especializado. A tal efecto, se fundó en 1717 en la antigua ciudad puerto de Cádiz, la Real Compañía de Caballeros Guardias Marinas, donde estudiaron a partir de 1775 los primeros alumnos nacidos en Buenos Aires. Algunos de ellos, luego de servir en la Armada Española, se plegaron a la Revolución de Mayo y pasaron a integrar su naciente marina durante la Guerra de la Independencia y la inmediata Guerra con el Brasil.
Entre los monarcas borbónicos -España, Francia, Nápoles y Parma- se estructuró una alianza estratégica ofensiva y defensiva conocida como los "pactos de familia", para oponerse a los intereses de las coronas de Portugal e Inglaterra, en especial en América. El reino de España alcanzó a ser una potencia marítima de primer orden a partir de los descubrimientos de sus navegantes y por la consolidación monopólica del comercio que impuso entre la metrópolis y los territorios coloniales. Durante el reinado de los últimos Habsburgo hasta fines del Siglo XVII, la Armada Española alcanzó su mayor esplendor y poder. Su lento debilitamiento se originó en la confrontación continua con otros poderes marítimos, aunque para 1805, año de la batalla de Trafalgar, España era aún, después de Inglaterra y Francia, la tercera potencia naval del mundo.
Carlos III (rex 1759-1788), creó en 1776 el Virreinato del Río de la Plata con capital en Buenos Aires, nombrando por Real Cédula del 10 de Agosto de ese año como primer virrey al anterior gobernador, General Pedro de Cevallos. Una de las tareas asignadas al nuevo virrey fue la de expulsar a los portugueses de las tierras del Virreinato. La corona portuguesa estada determinada a dominar el territorio, hoy uruguayo, hasta la ribera oriental del Río de la Plata. Como parte de ese proyecto se había fundado en 1680 la Colonia del Sacramento, ciudad puerto ubicada, Río de la Plata de por medio, aproximadamente enfrente a la ciudad de Buenos Aires. Cevallos invadió con éxito la ciudad, ocupándola. Años después esta ciudad volvería a estar bajo dominio portugués. El pleito territorial descripto, heredado por Brasil y las Provincias Unidas del Río de la Plata, primer nombre de la República Argentina, fue el origen de la guerra librada desde 1825 hasta 1828 entre ambos países.
El puerto de Buenos Aires tenía extensos bancos de arena en sus accesos, los que obligaban a los navíos de gran calado a fondear lejos de la costa. Por el contrario, el de Montevideo, con su lecho de piedras y mayor profundidad de aguas, ofrecía grandes ventajas naturales. Otra Real Cédula, del 9 de Agosto de 1776, dio nacimiento al Real Apostadero de Marina de Montevideo, como base principal para los barcos de la Armada Española en el Virreinato. Esta dicotomía estratégica generó múltiples situaciones de competencia en los años por venir entre las autoridades de ambas ciudades.
Breve reseña del origen y evolución de la Armada Argentina.
En 1799 se fundó en Buenos Aires una Escuela de Náutica por inspiración de Manuel Belgrano, entonces joven abogado y secretario del Real Consulado -tribunales de comercio-. Belgrano, años después general de los ejércitos patriotas, creador de la bandera argentina y héroe de la Independencia, fue un gran impulsor de la educación. Esta Escuela funcionó solo por 7 años, al no lograrse la aprobación del Rey. Sin embargo, produjo su primer promoción en 1802, cuando luego de dos años de estudios egresaron los primeros Pilotos. Varios de ellos integraron posteriormente el cuerpo de oficiales de la recién fundada Armada Argentina.
El 25 de Mayo de 1810 el pueblo de Buenos Aires decidió en Cabildo Abierto la formación de un gobierno patrio, poco después de recibirse desde España la noticia de la disolución de la Junta Suprema de Gobierno, la cual supervisaba en nombre del Rey Fernando VII (rex 1808-1833) la administración virreinal. Esta decisión, adoptada ante la caótica situación creada por la invasión de Napoleón a España, fue el origen de las guerras de la Independencia en las colonias españolas de la América del Sur, las que terminaron con el poder de la metrópoli en el continente luego de la batalla de Ayacucho en 1824 y la caída de las fortalezas del Callao y Chiloé en 1826.
La Guerra de la Independencia Argentina en el mar tiene dos momentos. El primero son las acciones por el dominio de los ríos de la Plata y sus dos grandes afluentes, el Paraná y el Uruguay, libradas por las escuadras patriotas contra la flota española con base en Montevideo. Después de la derrota sobre el Río Paraná de la primer escuadrilla naval argentina, bajo el mando de Juan B. Azopardo en San Nicolás, el 2 de Marzo de 1811, la flota española continuó dominando las aguas, depredando en las zonas ribereñas, bombardeando varias veces a Buenos Aires y bloqueando parcialmente las comunicaciones y el abastecimiento del ejército patriota que sitiaba por tierra a Montevideo. En Buenos Aires se decide la formación de una escuadra capaz de oponerse a la española. Esta se terminó de alistar a principios de 1814 y fue puesta al mando del recién nombrado Teniente Coronel de Marina William Brown (Foxford, Irlanda 1777-Buenos Aires, Argentina 1857). En sus años fundacionales los oficiales de la Armada Argentina utilizaban los mismos grados que el personal del Ejército, con el agregado "de Marina". Esta norma tuvo vigencia hasta 1880, cuando la Armada adoptó una nomenclatura propia. En esos años iniciales uno de los muy pocos marinos a quién se denominó Almirante (del árabe Amir-al-Bahr, señor o príncipe de los mares), fue al Brigadier General de Marina Guillermo Brown.
Los combates navales librados entre Marzo y Mayo de 1814, constituyeron un triunfo completo y decisivo para las armas patriotas. Se abrieron a la navegación las aguas del Río de la Plata, poniendo fin a tres siglos de dominación española y ocasionando la desaparición del Real Apostadero de Montevideo. Este triunfo fue de capital importancia para la posterior campaña del Ejército de los Andes, comandado por el General San Martín. La estrategia que él había concebido era llevar la lucha primero al territorio de Chile para luego ir por mar al Perú, en lugar de atacar la organización militar española allí existente a través del Alto Perú (hoy República de Bolivia), tal como se había hecho anteriormente sin éxito.
El segundo momento de la Guerra de la Independencia en el mar es el de la guerra de corso, campañas marítimas que se hacen al comercio enemigo siguiendo las leyes de la guerra. A partir de 1815, el gobierno de Buenos Aires había comenzado a habilitar corsarios marítimos contra el pabellón español, utilizando a tal efecto el Reglamento de Corso español de 1801, mientras la escuadra de 1814 se desmovilizaba. Durante 1815 y 1816 se llevó a cabo una campaña de corso en el Océano Pacífico al mando del ya Coronel de Marina con cargo de Almirante D. Guillermo Brown. Producida la Declaración de la Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, el 9 de Julio de 1816, en 1817, en el mismo año del cruce de la Cordillera por el Ejército de los Andes, el Gobierno de Buenos Aires dictó, en castellano y en inglés, el "Reglamento Provisional de Corso - A Provisional Ordinance to Regulate Privateering" con el objetivo de normar la actividad de los corsarios que enarbolaban la bandera argentina.
Con este reglamento zarpó de Buenos Aires a mediados de 1817 la fragata "La Argentina", al mando de Hipólito Bouchard en su viaje de corso alrededor del mundo. También se hicieron campañas de corso en el Océano Atlántico, con barcos armados en Buenos Aires y otros propiedad de armadores norteamericanos enarbolando la bandera argentina, en especial procedentes de la ciudad puerto de Baltimore, Maryland, los que operaron en el Atlántico Norte y el Caribe, llevando la guerra al comercio español en todos los mares del mundo.
Entre los años 1825 y 1828 se produce la guerra con el Imperio del Brasil con combates en el Río de la Plata y campañas corsarias en los mares contra el comercio brasileño. Entre los años 1830 y la Guerra del Paraguay (librada entre 1865 y 1869 por la Argentina en alianza con Brasil y el Uruguay), la Armada tuvo escasos recursos, con los que debió hacer frente a las necesidades de cada momento, como oponerse en la Vuelta de Obligado (1845), a la escuadra de bloqueo anglo-francesa que invadía las aguas interiores, o hacer el transporte y dar protección al ejército en la Guerra del Paraguay.
Durante la Presidencia de Domingo F. Sarmiento (1868-1874), se inicia un nuevo ciclo para la Armada, con la compra de la primer escuadra moderna, la "Escuadra de Fierro" de 1872, alcanzando por primera vez un nivel acorde a sus necesidades. Con esta escuadra se acrecienta el poder naval argentino en el Río de la Plata y se llevan adelante las campañas navales en la Patagonia, que contribuyen a afianzar la soberanía en el territorio Sur con la fundación de Subprefecturas de Marina, origen de algunas de las principales ciudades patagónicas.
Entre fines del Siglo XIX y principios del XX, después de la solución de conflictos de límites territoriales con países vecinos, la Armada Argentina se configura como una de las más modernas y mejor entrenadas del continente sudamericano.
Marchas y toques navales.
La música más frecuentemente escuchada a bordo de los barcos de guerra, hasta bien avanzado el Siglo XIX, eran los toques ejecutados con corneta, silbato marinero, tambor y pífano, transmitiendo órdenes o rindiendo honores o saludos. Cuando se interpretaban marchas, siguiendo la modalidad española, eran las mismas de ordenanza del Ejército.
También se agrega la vieja tradición de los cantos marineros y de las salomas, estas últimas sones cadenciosos que se utilizaban para hacer simultáneo el esfuerzo físico en las tareas a bordo.
Las marchas navales son relativamente modernas, ya que la presencia de bandines en los barcos mayores comienza a ser más usual desde la segunda mitad del Siglo XIX. Las bandas más antiguas de la Armada son las bandas lisas que tuvieron las unidades de Infantería de Marina y de Artillería de Mar durante la época de las guerras de la Independencia y contra el Brasil. Las bandas navales comenzaron a tener existencia orgánica en la Armada Argentina hacia 1880, empezando entonces a desarrollarse un repertorio propio y distinto al del Ejército.
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