Catálogo de Tango y     Música Popular
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Gaitas en concierto
código: TR040205

Fue interpretado por la Banda de Gaitas Ciudad de Buenos Aires, y presenta en su repertorio obras tradicionales del folklore gallego, así como marchas españolas y composiciones de otras naciones con cultura de origen celta.




Repertorio

01 - Riomao/Freixido
(4:15)
02- Santa María Estrella del Día
(2:26)
03- Muñeira de Cangas
(2:37)
04- Marcha de los Granaderos
(2:06)
05- Aires de Pontevedra
(1:56)
06- Alborada de Orense
(3:03)
07- Potpourri Celta
(3:06)
08- Gallaecia, Xosé L. Foxo
(1:36)
09- Cuando los Santos Vienen Marchando, J. M. Black
(1:47)
10- Set Gallego
(3:37)
11- Marcha de los Fusileros
(2:43)
12- El Garrotín
(3:16)
13- Set Irlandés
(2:59)
14- Carballal/Pastoriza
(3:14)
  15- Himno del Antiguo Reino de Galicia
(2:21)
16- Carrozas de Fuego, Vangelis
(1:39)
  17- Danza de las Burgas
(2:24)
  18- Entrelazado de Allariz
(2:15)
  19- Alalá de las Mariñas
(1:52)
  20- Danza de los Viejos
(2:00)
  21- Tocata de Ponteareas/Danza de los Gigantes de Corpus,
(1:44)
  TT: 53:59

Galicia está en el extremo noroccidental de la península ibérica. Es un país con muchas montañas y valles profundos, clima húmedo y espléndidos bosques adonde abundan el jabalí y el lobo. En sus costas tiene rías con altos acantilados, y abundancia de peces y mariscos en su litoral atlántico. Desde antiguo se han explotado ricos yacimientos mineros, que han permitido una metalurgia intensiva con variadas aplicaciones.

Existe poca información sobre los pueblos que habitaron esta región en la antigüedad lejana. Los celtas pudieron haber ingresado a ella alrededor del siglo VI a.C., introduciendo una civilización cuya influencia atenuada se prolonga hasta nuestros días. Los romanos iniciaron la invasión de Galicia en el 138 a.C. y Julio César en el 60 a.C. desembarcó en Coruña (Brigantium), pero recién en la época de Octavio Augusto en el 22 a.C., se logró someter al país, iniciándose un proceso de romanización que duró cuatro siglos. Durante el dominio romano de la península, Gallaecia fue una de las provincias de Hispania, comprendiendo los actuales territorios de Galicia -de donde nace su nombre-, parte de León y de Asturias y el Norte de Portugal. La influencia que ejercieron los romanos contribuyó a transformar la sociedad de predominantemente pastoril en agrícola, fomentando una gran diversificación económica y comercial.
 
En el origen étnico de Galicia hay un tronco predominante celta, con aportes de otras razas y culturas, como romanos, griegos, fenicios, cartagineses y suevos. En el 425 d.C. los suevos establecieron la capital de su monarquía en Braga, produciéndose una fusión con los gallegos que ayudó a estos a sacudirse el yugo romano, ya en su etapa de declinación. El reino suevo de Galicia duró unos 170 años. No pudo resistir la posterior acometida de los godos, perdiendo entonces Galicia su condición independiente. En el 711, los árabes invadieron España, y en el 714 conquistaron Lugo, de donde fueron expulsados 40 años más tarde. También a partir del siglo VII, los normandos comenzaron a saquear las costas y poblados gallegos, incursiones que se prolongaron por siglos, al igual que las realizadas por los musulmanes.
 
En el siglo IX se produjo en Compostela el descubrimiento de los restos de Jacobo o Santiago, uno de los apóstoles de Jesucristo, hallazgo que generó un extraordinario fervor religioso en Europa, y atrajo  peregrinos por miles. Santiago de Compostela se convirtió en una de las ciudades santas de la cristiandad, tercera en importancia después de Jerusalén y Roma, y en una suerte de anti-Meca, frente a la lucha contra los musulmanes.
 
Aunque el reino de Galicia perduró como entidad histórica por más de 10 siglos, solo por algunos períodos fue un reino independiente. Hacia el siglo XV las peregrinaciones a Santiago habían decaído notablemente. Cuando doña Isabel y doña Juana pretendían la corona de Castilla, la mayor parte de los nobles gallegos tomaron partido por esta última, es decir por Portugal. En 1474, doña Isabel fue proclamada Reina de Castilla. Es en el período de su reinado junto a su marido, Fernando de Aragón –ambos llamados los Reyes Católicos de España-, en que se descubre América y se concluye la reconquista de la península ibérica de los moros. Estos reyes cobraron un alto precio a los gallegos, reprimiendo varios alzamientos campesinos y extrañando a toda aquella nobleza que les había sido adversa, privando al país de gran parte de su clase dirigente para después anexarlo a la fuerza, dando inicio a un proceso de dominio autoritario que con altibajos duró hasta las últimas décadas del siglo XX.

En el último tercio del siglo XIX, se inició en Galicia un renacimiento literario –el “Rexurdimento” (Resurgimiento)-, que tomó primero carácter regionalista y luego de afirmación de nacionalidad, afianzando la resurrección del propio idioma, legado del latín romano, con la creación en 1916 de las “Irmandades da Fala” (Hermandades del Habla), las que fueron fortaleciendo paulatinamente el resurgimiento de la identidad propia. Hoy Galicia participa de la democracia instaurada en España a través de un sistema monárquico parlamentario, gozando de un régimen de gobierno autónomo.

LOS GALLEGOS EN LA ARGENTINA

Existe una relación profunda entre Galicia y América, intensificada sobre todo a partir del siglo XIX, ya producida la independencia de las naciones que otrora fueron parte del Imperio Español. Si bien los gallegos participaron desde el principio en la conquista, poblamiento y colonización de estos territorios, su influencia en la organización política de los mismos fue mínima, ya que a su vez los gallegos constituían un reino con poco peso dentro de la monarquía castellana, sin autonomía legislativa ni representación en las Cortes o parlamento de Madrid.

El considerarse diferentes frente a sus otros connacionales, más la necesidad de protección desde lo comunitario, fueron factores que favorecieron entre los gallegos un fuerte afianzamiento de lo gregario. En 1787, se constituyó en Buenos Aires, la ciudad capital desde 1776 del Virreinato de las Provincias del Río de la Plata, la “Congregación del Apóstol Santiago el Mayor de Hijos y Oriundos del Reyno de Galicia”, primera asociación de gallegos en Sudamérica. También en Buenos Aires se formó en 1806 el “Tercio de Gallegos”, unidad de infantería de milicias urbanas que tuvo una destacada actuación como parte del ejército virreinal, en la Segunda Invasión Inglesa de 1807. Varios de los integrantes de ese Tercio participaron, años después, en las filas patriotas durante la Guerra de la Independencia, como su antiguo comandante, el ingeniero, matemático y periodista Don Pedro A. Cerviño, o Don Bernardino Rivadavia, primer presidente de la Argentina (1826-1827), hijo de gallegos y capitán del Tercio en 1807.
 
La ruptura de Buenos Aires con su antigua metrópolis se inició con la Revolución del 25 de Mayo de 1810. El conflicto duró casi dos décadas, y ocasionó un quiebre momentáneo con todo lo hispano, interrumpiendo la emigración gallega hacia el Río de la Plata. Con el comienzo de la organización definitiva de la República Argentina, tras la aprobación de la Constitución Nacional de 1853, y luego de la sangrienta Guerra del Paraguay (1865-1869), la joven nación comenzó a perfilarse como una novel potencia económica, que se ponía rápidamente al día con tecnologías modernas, rivalizando con los países más avanzados de ese momento. En esa época se comenzó a fomentar la inmigración europea calificada como factor fundamental para el progreso del país. Así llegaron contingentes de inmigrantes originarios de casi todas las naciones de Europa, principalmente italianos y españoles. En el medio siglo que va desde 1870 a 1920, ingresaron al país para radicarse más de 830.000 españoles, constituyendo estos para 1910, año del primer Centenario de la Revolución de Mayo, y momento de la definitiva reconciliación de la República Argentina con España-, el 10% de la población total del país. Entre ellos hubo un predominio de contingentes de su Norte Atlántico, entre los que se destacaron por su número los gallegos, los que se concentraron mayoritariamente en Buenos Aires, hasta llegar a constituirla en esos años como la ciudad con mayor población gallega del mundo.

Los descendientes de esa numerosa migración, más los emigrantes gallegos que aún viven en la Argentina, siguen constituyendo una de las colectividades más progresistas del país, en gran medida interesada en mantener su identidad cultural, dentro de la que la música ocupa una parte muy destacada.