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Las grandes transformaciones que se sucedieron en el mundo occidental a partir del Renacimiento y de la Reforma, tuvieron una dinámica más intensa y con alcances mayores a partir de los progresos científicos tecnológicos en la navegación, los que permitieron hacer viajes de muy largo alcance, y el descubrimiento y colonización de nuevos territorios, realizados por las principales potencias marítimas de ese entonces.
Durante los siglos XVII y XVIII, el mundo experimentó un desarrollo del comercio no conocido desde la época del Imperio Romano, con sus caminos y rutas marítimas seguras. Los españoles y portugueses lograron establecer un capitalismo colonial agrícola y minero, por el que obtenían de sus colonias metales preciosos y materias primas muy valoradas en Europa (azúcar, cacao, tabaco, maderas finas, especias, etc.), y de donde obtenían recursos para sostener su posición ante otros poderes europeos. Parte de esas riquezas coloniales a su vez se canalizaban hacia países con mayor capacidad manufacturera, principalmente Inglaterra, Francia y Holanda, los que a su vez proveían a España y Portugal productos con mayor valor agregado, convirtiéndose los primeros en la principal fuente de financiamiento de los segundos, en un escenario de un cada vez más acelerado desarrollo industrial, iniciado incipientemente en el siglo XV.
En 1805, Gran Bretaña decidió volver a ocupar la Colonia del Cabo, en poder de Holanda desde 1803, como consecuencia de la Paz de Amiens. Los holandeses, entonces aliados de los franceses, habían fundado la Colonia del Cabo en el siglo XV, la que ya había estado en poder de la Corona Británica entre 1795 y 1803. La flota de invasión inglesa hizo una escala en la Bahía de Todos los Santos, Brasil, adonde arribó en noviembre de 1805, para llegar al Cabo a principios de 1806. La guarnición holandesa no opuso resistencia y el Cabo de Buena Esperanza volvió a ser colonia británica, con el Mayor General David Baird como Gobernador.
En noviembre de 1806, al año siguiente de la batalla de Trafalgar en la que Gran Bretaña afianzó su posición como la mayor potencia naval del mundo, Napoleón estableció un estricto bloqueo continental europeo a los productos británicos, produciendo un grave perjuicio a la economía inglesa. La estrategia global británica ya había sido fijada: buscar la expansión de su imperio en lugares alejados del mundo mediante el empleo de su capacidad naval, en oposición a la estrategia de Francia bajo Napoleón, que había concentrado sus esfuerzos en el afianzamiento de su poder en Europa continental.
Tomada la decisión de invadir y ocupar el Virreinato de las Provincias del Río de la Plata, las Invasiones Inglesas de 1806 y 1807, son desde la perspectiva americana los hechos de mayor trascendencia de los comienzos del siglo XIX, por su importancia intrínseca, y por la gran influencia que tuvieron para la decisión de crear en Buenos Aires, en mayo de 1810, un gobierno independiente de la Corona Española, lo que dio inicio a las guerras por la emancipación americana, que se sellaron en 1824, con la derrota realista en Ayacucho, y en 1826 con la caída de sus últimos bastiones en Perú y Chile.
El Regimiento de Infantería 1 “Patricios”, del Ejército Argentino, fue creado el 16 de septiembre de 1806, luego de producida la Primera Invasión Inglesa y la posterior Reconquista de Buenos Aires. El nombre inicial de la unidad fue Legión de Patricios Voluntarios Urbanos de Buenos Aires, integrándose sus cuadros de oficiales y tropa con criollos, es decir, ciudadanos libres nativos del Virreinato, y en este caso vecinos de Buenos Aires. Organizado en el modelo español de regimiento con dos batallones, se integró posteriormente un tercero, cada uno de estos formados por una compañía de granaderos y ocho de fusileros, siendo el primer jefe de la unidad el Coronel Cornelio Saavedra.
Su bandera histórica que ilustra el frente de este disco, sigue las normas de las Ordenanzas de 1762 y de 1768: es un cuadrado de tafetán blanco con los bastos de Borgoña rojos y ecotados (asemejando el perfil de troncos cruzados con ramas cortadas no de raíz) en su centro, y en cada uno de sus cuatro vértices el escudo de la ciudad de Buenos Aires. Esta bandera, que aún hoy es usada por el regimiento acompaña a la bandera argentina en todas las ceremonias y formaciones en las que participa la unidad.
Casi desde el inicio de su vida independiente, se comenzó a crear lentamente en el país un patrimonio musical militar propio. A pesar de ello, hasta bien entrado el siglo XIX se continuaron utilizando composiciones de las ordenanzas españolas. Esta tiene antecedentes muy antiguos, no solo en cuanto a ritmos para el acompasamiento de marchas, sino también en himnos patrióticos y en toques para la transmisión de órdenes.
A partir del siglo XVI la infantería española marchó precedida por tambores o cajas de guerra y pífanos, a los que se agregaban trompetas, clarines u otros instrumentos de viento de distinto diseño, según la oportunidad. El paso militar al compás del tambor comenzó a estar reglamentado en la infantería española desde mediados del siglo XVIII, con tres pasos: el corto, el largo y el redoblado, establecidos por la longitud del recorrido del pié y por el número de secuencias por minuto.
Durante ese siglo también se produjeron grandes innovaciones en la organización de los servicios de música del Ejército Español. Fueron aumentados el número de músicos, y se comenzaron a incorporar instrumentos no habituales hasta ese entonces en el medio militar, como entre otros, trombones de vara, fagotes, serpentones y tubas, los que a su vez fueron mejorados a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, con la incorporación de pistones perfeccionados.
La Primera Junta de Gobierno de las Provincias del Río de la Plata decretó la estructura inicial del Ejército el 29 de mayo de 1810, fecha considerada la fundacional del mismo. Allí se determinó la creación de los cinco primeros regimientos de infantería del país independiente, numerados del 1 al 5. Los batallones de la Legión de Patricios fueron base para la creación del Regimiento 1 de Infantería “Patricios”, y del Regimiento 2 de Infantería. En otro decreto del 2 de diciembre de 1811, fue definida la estructura de esos cinco regimientos, y se reglamentó allí también las bandas de música para la infantería, si bien los Patricios habían contado con músicos desde su creación: entonces la banda del regimiento, integrada con tambores y pífanos, tuvo 39 músicos, incluyendo un tambor mayor, a cargo de la instrucción y disciplina y la guía en las marchas y el combate.
En 1966 se asignó el nombre de “Tambor de Tacuarí” a la banda del regimiento, en remembranza de la batalla de Tacuarí del 9 de marzo de 1811, y la acción heroica del tambor Pedro Ríos, de 12 años de edad, quién cayó mientras animaba con sus redobles la carga de la infantería argentina.
Actualmente la Banda “Tambor de Tacuarí” tiene 60 integrantes, estando prevista su ampliación. El Director y el Director Auxiliar tienen jerarquía de oficiales. Está compuesta por 43 suboficiales músicos y 15 soldados voluntarios como tambores. Su repertorio es amplio: con foco en la música militar argentina, interpreta además marchas y toques de la música militar española utilizada en el Virreinato de las Provincias del Río de la Plata, así como música popular y académica argentina e internacional.
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