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Desde los inicios de la conquista española de América del Sur, en el siglo XVI, las fuerzas militares venidas desde España para proteger la colonización, y desde 1776 el Virreinato del Río de la Plata, resultaron siempre insuficientes para afrontar los riesgos de agresión desde otros poderes europeos –en especial de Portugal y Gran Bretaña- y los ataques de los indios salvajes, en asedio permanente sobre fronteras interiores de enorme extensión.
La historia de la Argentina está vinculada desde sus comienzos al ejercicio de las armas. Por ello, para su análisis se requiere la comprensión de las confrontaciones políticas y la de sus consecuencias militares.
La Revolución de Mayo culmina cuando el 25 de ese mes de 1810, el pueblo de Buenos Aires -ciudad capital del virreinato- aprueba la creación de un gobierno independiente de la autoridad española, denominado Primera Junta de Gobierno, dando así inicio a un período de guerras continuas en tierra y mar, para primero ganar y luego sostener la independencia, y que terminaron con el poder español en Sudamérica recién en 1826. Los principales factores que influyeron para la realización de este pronunciamiento fueron: la guerra de la independencia de los Estados Unidos de América contra su metrópolis colonial y su Declaración de Independencia de 1776; las ideas de los pensadores iluministas, previas a la Revolución Francesa de 1789, y el ideario de libertades políticas y económicas que propugnaban, contrario al sistema absolutista, monopólico y despótico impuesto por el estado español; las Invasiones Inglesas de 1806 y 1807, con sus respectivas Reconquista y Defensa de Buenos Aires, las que permitieron entrever en la práctica otros criterios de gobierno, con más el afianzamiento de una mayor confianza en las potencialidades locales; el caos reinante en España por la invasión napoleónica y la disolución por el Imperio Francés de la Junta Central de Sevilla, a principios de 1810, la que gobernando en el nombre del rey, había nombrado en 1809 al Almirante Baltasar Hidalgo de Cisneros como último virrey efectivo en el Río de la Plata.
Los virreyes eran representantes directos de la Corona, desempeñando en el territorio a su cargo las funciones de Gobernador y de Capitán General. De ellos dependían todas las autoridades civiles y militares, y entre estas últimas los funcionarios permanentes, como el Inspector General, el Comandante General de Fronteras y el Sargento Mayor de cada plaza, así como las funciones transitorias creadas en tiempo de guerra.
Después de la primera Invasión Inglesa las unidades de milicia integradas por criollos, es decir ciudadanos nacidos en América, adquirieron estructura orgánica y mayor importancia y poder que las unidades militares procedentes de España.
Producido el hecho emancipador de 1810, de inmediato las autoridades allí surgidas dieron una nueva estructura a la organización militar existente. Por decreto de la Junta de Gobierno del 28 de mayo se crea un Departamento de Gobierno y de Guerra y se designa a su cargo al doctor Mariano Moreno, uno de los dos secretarios de la Junta, quien comparte con el presidente de la misma, coronel Cornelio Saavedra, la Comandancia General de Armas, antigua atribución virreinal. El 29 de mayo, mediante una proclama considerada el acta fundacional del Ejército Argentino, se organizan las primeras unidades.
Para el arma de infantería se crearon cinco regimientos numerados del 1 al 5, a partir de los batallones de criollos de 1806 y 1807. El Regimiento 1 “Patricios”, sobre la base del 1er. Batallón de Patricios; el Regimiento 2, desde el 2° Batallón de Patricios; el Regimiento 3, sobre el anterior Batallón de Arribeños (integrado por criollos procedentes del norte del virreinato); el Regimiento 4, desde el Batallón de Montañeses y el Regimiento 5, a partir del Batallón de Andaluces.
En la caballería, los Dragones de Buenos Aires recibieron la denominación de Dragones de la Patria; los Húsares del Rey -ex Húsares de Pueyrredón- pasaron a ser los Húsares de la Patria, y los Blandengues (cuerpos de caballería para la defensa de las fronteras interiores contra los indios salvajes; su nombre viene de la acción de blandir espada o lanza), se denominan Regimiento de Voluntarios de Caballería de la Patria.
El Real Cuerpo de Artillería, dentro del cual en 1796 se había organizado la artillería de campaña, pasa a ser el Cuerpo de Artillería de la Patria, de cuyo jefe dependían también las baterías terrestres de las plazas-puerto de Buenos Aires y de la Ensenada de Barragán y los arsenales y la maestranza.
El principal esfuerzo inicial de la Junta de Gobierno, fue afianzar su poder ejecutivo para inmediatamente procurar la expansión de la revolución hacia todas las regiones que constituían el virreinato. Esta iniciativa tuvo un devenir con resultados variados para el sueño original de mantener unido al territorio del Virreinato de las Provincias del Río de la Plata.
Se pidió a las provincias que lo constituían el envío de diputados a Buenos Aires, para establecer en un congreso la forma de gobierno más conveniente, a la vez que se prepararon expediciones militares hacia la Banda Oriental (hoy República Oriental del Uruguay), la provincia del Paraguay (hoy República del Paraguay) y las que constituían el Alto Perú (hoy República de Bolivia) con suerte diversa.
La Asamblea General Constituyente que comenzó a funcionar en 1813, instituyó y proclamó varios de los símbolos patrios que identificaron a la nueva nación a partir de entonces. Ya el 18 de febrero de 1812, el gobierno había decretado a instancias del doctor Manuel Belgrano, miembro de la Junta, "...que la Escarapela Nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata sería de color blanco y celeste". La Asamblea encargó a Blas Parera la música de la Canción Patriótica Nacional sobre los versos que había escrito Vicente López y Planes, obra que sería luego el Himno Nacional Argentino.
Luego de las batallas victoriosas de Tucumán (24 de septiembre de 1812) y de Salta (20 de febrero de 1813), en la Segunda Campaña del Ejército del Norte al mando del recién nombrado General Manuel Belgrano, los patriotas ocuparon la Villa Imperial de Potosí. Comunicada la noticia a Buenos Aires, la Asamblea ordenó el 13 de abril, la primer acuñación de monedas en la Ceca (del árabe sikka, por cuño o troquel de moneda) de Potosí, similares a las españolas, pero con el Sello de la Asamblea -hoy el Escudo Nacional Argentino- sin sol, en lugar de las Armas de España y en la otra cara, el sol con 32 rayos flamígeros y rectos intercalados, reemplazando a la efigie del rey. El Triunvirato (poder ejecutivo) dictó una circular para que las monedas acuñadas fueran aceptadas igual que las españolas, al tener el mismo peso y ley de metal que estas. Se labraron entre otros valores, monedas de una onza de oro u 8 escudos -como la que reproducimos- en donde el escudo estaba orlado por banderas, con dos cañones cruzados a su pié y bajo ellos un tambor o caja de guerra, símbolo del prestigio e importancia que se le asignó a la música militar desde el nacimiento del país.
 
Primera moneda patria. Original perteneciente al Museo Numismático "Dr. José E. Uriburu" del Banco Central de la República Argentina.
El calco de esta moneda sirvió para la acuñación de la moneda actual con valor igual a un peso (unidad de base decimal de la moneda argentina), vigente desde el año 1994.
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